jueves, 5 de febrero de 2015

El demonio es protestante (tomado de internet)

Mi nombre es Luis Miguel Boulló, y soy un ex-pastor Evangélico.

"El Demonio es protestante", fue la primera frase que pronuncié, tras mi conversión, a quienes me escucharon por más de doce años como su pastor. El escándalo fue mayúsculo. Algunos ya habían notado que mis vacaciones fueron demasiado precipitadas y quizá hasta exageradamente prolongadas. Fueron unas vacaciones raras incluso para mi familia, que me veía reticente a las prácticas habituales en casa, como la lectura y explicación de la Biblia. Ya habíamos tenido demasiadas rencillas a causa de mis nuevos pensamientos.

"Al principio fue el Verbo"

Recuerdo vívidamente los primeros movimientos de rabia que tuve al leer un artículo en una revista. Yo encontraba que la nota era demasiado radical en sus afirmaciones, demasiado rotunda para lo que yo estaba acostumbrado a leer.

No me dejaba muchos ‘flancos’ descuidados por donde atacar. O refutaba el centro del asunto o no tenia sentido desmenuzar tres o cuatro aspectos como se me había enseñado a realizar de forma automática e inconsciente. Generalmente los católicos tienen como que una cierta vergüenza por mostrar todas las cartas sobre la mesa, y como no muestran todo con claridad, es muy fácil prender fuego a sus tiendas de campaña, porque dejan demasiados lados flojos.
En lo personal nunca recurrí a lo que ahora entiendo como "leyendas negras", porque me parecía que era inconducente debatir basándome en miserias personales o grupales sin haber derribado la propia lógica de su existencia. Eso hice con algunas sectas o con temas como la evolución o algunos derechos humanos según se les entiende normalmente.

Reconozco que muchos de los que en ese momento eran mis hermanos caen en ese error, tratando de derribar moralmente al "adversario" diciéndole cosas aberrantes sobre su fe. Pero basta un buen argumento, y bien plantado, para que uno se vea obligado a retirarse a las trincheras de la Biblia y no querer salir de allí hasta que el temporal que iniciamos se calme al menos un poco. Pero no nos funciona a todos el mismo esquema. Muchos no se rigen tanto por la razón como por el placer de vencer en cualquier contienda.

El artículo en cuestión me obligaba a pensar sólo con ideas, porque de eso trataba. Mi manual con citas bíblicas para cada ocasión me servía poco. Cualquier cosa que dijera sería respondida con otra. No era ese el camino.

Creo haber estado meditando en el problema unas cinco o seis semanas. Hasta que resolví acudir a la parroquia católica que quedaba cerca de mi templo. El sacerdote del lugar se deshacía en atenciones cada vez que nos encontrábamos. La verdad es que él estuvo siempre mucho más ansioso de verme que yo de verle a él. En ocasiones nos veíamos forzados a encontrarnos en público por obligaciones propias del pueblo. Pero de ordinario no nos encontrábamos. Era lo que ahora se llama un "cura nuevo", con una permanente guitarra en las manos y muchas ganas de acercarse a mí.

Con complejo de superioridad
Primera confesión de mala fe

Yo aprovechaba –Dios me perdone– para sacarle afirmaciones que escandalizaban a mis feligreses. El pobre nunca entendió que el ecumenismo muchas veces sirve más para rebajar a los católicos que para acercar a los separados. Uno tiene la sensación de que si la Iglesia puede ceder en cosas tan graves y que por siglos nos separaron, entonces realmente no le importan tanto como a nosotros, que jamás cambiaríamos una sola jota de la doctrina.

Otra cosa que solía hacer –me avergüenzo al recordarla– era tirar a mis chicos a discutir con los de la parroquia. Los pobres parroquianos se veían en serios apuros en esas ocasiones.
En el fondo yo me aprovechaba de que los chicos católicos estaban muy mal formados. Como comentábamos a sus espaldas: sólo van a la parroquia a divertirse, para repartir cosas a los pobres y para hacer ‘dinámicas de vida’, pero de doctrina y de Escrituras no saben nada.
Nos gustaba vencerlos con las cosas más tontas posibles. A veces surgían temas más sabrosos, pero con los argumentos normales bastaba para al menos hacerles callar.
El viejo párroco le plantó cara con santa paz
Esa tarde no estaba el sacerdote de siempre. Había sido removido de la parroquia por una miseria humana comprensible en alguien tan "cálido" en su manera de ser. Cayó en las redes del demonio bajo la tentadora forma de una parroquiana, con la que ni siquiera se casó.

A cambio del párroco de siempre salió a atenderme, con una cara menos complacida, un sacerdote viejo y de mirada penetrante. Lo habían ‘castigado’ relegándolo dándole el cuidado de la parroquia de nuestro pequeño pueblecito. En los últimos treinta años la población había pasado de mayoritariamente católica a una mayoría evangélica o no practicante.

Yo generalmente acudía para refrescar mi memoria y cargarme de elementos que luego trabajaba como materia de mis prédicas, o para sondear la visión católica de alguna cosa.
El Padre M. no fue tan abierto. Me recibió con amabilidad, pero con distancia. Le planteé asuntos de interés común y me pidió tiempo para aclimatarse y enterarse del estado de la feligresía. Noté que habían sido arrancados varios de los afiches que nosotros les regalábamos cada cierto tiempo y que constituían verdaderos trofeos nuestros plantados en tierra enemiga.

En verdad quedé un poco desarmado, pero logramos charlar casi de todo. Casi... porque en doctrina comenzó él a morderme. Yo comencé a responder como de costumbre, citando con exactitud una cita bíblica tras otra, para probarle su error o mi postura.

En un aprieto que me puso, le dije: "Padre M... comencemos desde el principio" Y el varón de Dios, a quien supuse enojado conmigo, me dice: "De acuerdo: al principio era el Verbo y..."
Me largué a reír nerviosamente. Aparte de que me respondía con una frase utilizada en la Misa (al menos en la tradicional), ¡imitaba mi voz citando la Biblia!

"Pastor Boullón", me dijo luego, "No avanzaremos mucho discutiendo con la Biblia en mano. Ya sabe usted que el Demonio fue el primero en todo crimen... y por eso también fue el primer Evangélico".
Eso me cayó muy mal. ¡Me insultaba en la cara tratándome de demonio! Sin dejarme explicar lo que pensaba, se adelantó:
—Si... fue el primer evangélico. Recuerde que el Demonio intentó tentar a Cristo con ¡la Biblia en mano!
—Pero Cristo les respondió con la Biblia...
—Entonces usted me da la razón, Pastor... los dos argumentaron con la Biblia, sólo que Jesús la utilizó bien... y le tapó la boca.
Tomó su Biblia y me leyó lo que ya sabía: que cuando el Señor ayunaba el demonio le llevó a Jerusalén, y poniéndole en lo alto del templo le repitió el Salmo XC, II-12: "Porque escrito está que Dios mandó a sus ángeles que te guarden y lleven en sus manos para que no tropiece tu pie con alguna piedra"
Pero el Señor le respondió con Deuteronomio VI, 16: Pero también está escrito "No tentarás al Señor tu Dios". Y el demonio se alejó confundido.
Yo también me alejé, como el demonio, confundido. Me sentía rabioso por haber sido llamado demonio, y por lo que es peor: ¡ser tratado como el demonio en el desierto!
Creo que fue la plática más saludable de mi vida. También los demonios creen y pero no se salvan

La táctica del demonio

Llegué a casa rabioso. Me sentía humillado y triste. No era posible que la misma Biblia pruebe dos cosas distintas. Eso es una blasfemia. Forzosamente uno debe tener la razón y el otro malinterpreta. Busqué ayuda en la biblioteca que venia enriqueciendo con el tiempo. Consulté a varios autores tan ‘evangélicos’ como yo, pero de otras congregaciones. No coincidíamos en las mismas cosas, pese a que todos utilizábamos la Biblia para apoyar lo que decíamos y demostrar que los otros se equivocaban.

Me armé de fuerzas y a la primera oportunidad, caí sobre el despacho parroquial del Padre M. Me recibió tan amable como la vez pasada, sólo que esta vez su distancia la hacía menos tajante a causa de su mirada divertida y curiosa de la razón que me llevaba otra vez a su lado.
Le largué un discurso de media hora sobre la salvación por la fe y no por las obras. Concluí –creo– brillantemente con la necesidad de abandonar a la Iglesia. Y cerré tomando la Biblia del cura y le leí Hechos XVI, 31: "¿Qué debo hacer para salvarme?, preguntó el carcelero. Cree en el Señor Jesús –respondió Pablo– y te salvarás tú y toda tu casa".
Bebí un sorbo del té que me había ofrecido y le miré desafiante, esperando su respuesta. Pasaron eternos minutos de silencio.
Cuando carraspeé, el sacerdote me dijo:
—"¿Continuará la lectura de San Pablo?"
—"Ya terminé, Padre M."
—"¿Cómo que ha terminado? ¡Continúe! Vaya a Corintios, XIII, 2.
—Leí en voz alta: "Aunque tanta fuera mi fe que llegare a trasladar montañas, si me falta la caridad nada soy"
—Entonces la fe...
—La fe... la fe... la fe es lo que salva.
—¡Vaya novedad! Me dice riendo. ¡No se bien quien creó la estrategia protestante de argumentar con la Biblia, pero creo que bien pudieron ser los demonios que ahora encontraron un buen medio para salvarse.
—¿Salvarse?
—Si.. salvarse, amigo mío. ¿Acaso no es el apóstol Santiago quien nos dice que hasta los mismos demonios creen en Dios? Y si sólo la fe salva...
—...
—No se quede en silencio, Pastor... siéntese aquí que se aliviará un poco. Si quiere seguir como el Demonio, tentándome con la Biblia, le recuerdo que ahí mismo se nos dice que esa fe no salvará a los demonios, porque "como un cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin obras está muerta" (c.II) Y aún así los católicos no decimos que sea sólo fe o sólo obras. Cuando al Señor se le pregunta sobre qué debemos hacer para salvarnos, Él dice "Si quieres salvarte, guarda los mandamientos" Ahí tiene usted la respuesta completa.
Me acompañó hasta la puerta y me dijo: Le dejo con dos recomendaciones. La primera es que se cuide de sus hermanos de congregación. Ya sospechan de usted por venir tan seguido. La segunda es que vuelva usted cuando me traiga alguna cita bíblica –sólo una me basta– en que se pruebe que solo debe enseñarse lo que está en la Biblia.
Caminé a casa más preocupado por los comentarios que por el desafío. Eso sería fácil.

La Biblia no es orgullosa
"Sólo la Biblia"

Mientras buscaba una cita que respondiera al sacerdote, caí en cuenta de que estaba parado en el meollo del asunto que por primera vez me llevó a esa parroquia con otros ojos. "Si es sólo la Biblia", me dije, "entonces el problema del artículo queda resuelto: se debe probar por la Biblia o no se prueba".
Ya imaginarán ustedes el resultado. Efectivamente no encontré nada. En años de ministerio, jamás me percaté de que lo central, esto es, que sólo debe creerse y enseñarse la doctrina contenida en la Biblia, no está en la Biblia. Encontré numerosos pasajes bíblicos que le conceden la misma autoridad que a las enseñanzas escritas en la Biblia a las doctrinas transmitidas por vía oral, por tradición.
Desde este punto en adelante muchos otros cuestionamientos fueron surgiendo de la charla con el Padre M. y de la lectura de revistas y de mucha literatura escrita con fines apologéticos.

Nadando guardando la ropa y sufriendo
El pago del mundo

Por un momento distraeré la atención de mis incursiones a la parroquia católica. Quizás sea porque un sacerdote es esencialmente distinto a un "Pastor" protestante, o quizás por la experiencia de distintos ordenes (confesión, dirección espiritual, etc.), el Padre M. acertó en su advertencia sobre las miradas que me dirigían mis feligreses a causa de esas visitas "no estrictamente ecuménicas".
Yo aún no me había percatado de esa desconfianza, pero observando con mayor atención notaba reticencias, censuras y reproches indirectos. Aún la guerra no se declaraba. Sólo desconfiaban.

Me decepcioné mucho, pero no me dejé vencer por la tentación. El demonio –pensaba– me estaba tentando con Roma y para eso endurecía los corazones.
Pasada una semana de angustias, me senté con mi esposa para charlar. Necesitaba desahogarme. Me encontraba en un punto tal que no quería volver a la parroquia católica pero tampoco me sentía en paz con eso.

Después de la cena, oramos con los chicos y se fueron a dormir. Me senté y abrí mi corazón a mi esposa. Ella había sido una amante confidente y mi compañera de penurias y alegrías. Me escuchó con atención.

Sus palabras fueron tan sencillas como su conclusión: debía alejarme inmediatamente del sacerdote católico y tratar de recuperar la confianza de mis feligreses. Eso era lo prioritario. Teníamos una obligación de fe y teníamos que mantener una familia. No se hablaría más. El caso estaba resuelto... para ella.

Traté de cumplir con todo. Ella siempre fue la sensatez y me refrenaba en las locuras. Dejar de ir a la parroquia fue más fácil para el cuerpo que para mi alma. Algo me atraía de ese ambiente, y por lo demás deseaba la compañía de ese sacerdote provocador y bonachón.
Más difícil fue ganarme la confianza de los feligreses. Me exigían como prenda evidente que atacase más que nunca a la Iglesia para demostrar públicamente que no les guardaba ninguna simpatía.
Esto me costó, pues tenía que predicar omitiendo aquellos puntos en los que difería ya de mi anterior pensamiento.

Con el tiempo, mi familia y mis feligreses me dieron vuelta sus espaldas y fue la gran cruz que tuve que soportar por amar a Cristo en Su Iglesia.

Entrada en la Iglesia y abandono de todos
Mi querido amigo se despide

No he querido exponer aquí todas las cosas que charlé con el buen Padre M. durante semanas y semanas. Yo le visitaba furtivamente y el me acogía con amable paternalidad. Yo daba vueltas en torno al tema e intentaba responder a las sabias preguntas con las que me desafiaba. ¡Cómo detestaba tener que darle la razón!

El tiempo me fue haciendo más perceptivo a sus sutilezas e ironías. De alguna forma misteriosa este sacerdote me tenía cautivado. Me acorralaba hasta la muerte, pero me daba siempre una salida honorable. Le gustaba desmoronar todos mis argumentos.
Su estilo era único: destrozaba mis argumentos, acusaciones y refutaciones primero desde la lógica, dándome dos posibilidades... o quedar como un tonto o verificar por mi mismo esa estupidez. Luego, y sólo luego, me invitaba a revisar el punto que yo trataba –si tenía sentido– desde el punto de vista de las Sagradas Escrituras. Supongo que uno de sus mayores puntos fuertes era su sólida cultura y su gran vida de piedad.

Recuerdo perfectamente una fría mañana cuando recibí un aviso telefónico de la parroquia. Me pedía que le visitara en un hospital de los alrededores. Sin meditar en las normas de cautela que tomaba para evitar que mis feligreses se irritaran aún más conmigo, abandoné todo y partí. Ahí me enteré del doloroso cáncer que padecía –jamás dio muestras de sufrir– y del poco tiempo que le quedaba. La cabeza me daba vueltas. Sentía dolor por la partida de quien ya consideraba un amigo.
Tomé una decisión: haría pública nuestra amistad y le visitaría a diario. Pocos días después le trasladaron, a petición suya, a su residencia.

Desde ese día le acompañé a diario. Dejé muchos compromisos de lado. La tensión comenzó a crecer hasta llegar a agresiones verbales abiertas y amenazas de quitarme el cargo y el sueldo. Mi familia estaba amenazada con la pobreza.

Fueron días de mucha angustia. Sabía que caminaba por los caminos correctos. Incluso pensaba en hacerme admitir en la Iglesia. Los temores y las dudas de antes de la internación del Padre M. se disiparon. No quería arrepentirme de mis errores ni recibir el perdón y el consuelo de nadie más. Pero la situación que me rodeaba era tan compleja que me paralizaba.

Recé muchísimo y acudí a pedir el consejo del Padre M. Él me recibió con mucha amabilidad y escuchó con atención mis problemas. Él ya los conocía. Me habló de la fortaleza de esos mártires que no tuvieron en cuenta ni la carne ni la sangre ni las riquezas, sólo amaron la verdad y dieron público testimonio de su adhesión a la fe. "Más vale entrar al Cielo siendo pobres que irse al infierno por comodidades", sentenció.

Como adelanté al principio, reuní a mis feligreses y les hice una declaración de mi conversión. "¡El Demonio es protestante!" les dije para abrir la charla. Luego fueron abucheos y no me dejaron terminar las explicaciones.

Mas tarde reuní a mi familia y les platiqué de cada punto, y respondí a todas las objeciones de fe y de la situación. Mi esposa no discutió mucho: me expulsó de casa. Esa noche dormí acogido por el Padre M. quien me tranquilizó respecto al altercado. Desde entonces y después de pasados años de mi conversión nunca más fui admitido en casa como padre y esposo. Hoy les visito con tanta frecuencia como me permiten, pero sus corazones siguen muy endurecidos. El Padre M. tuvo muchas palabras para mí, pero las que más me llegaron fue su confesión de ofrecimiento de su vida por la salvación de mi alma... y que con gusto veía el buen negocio ya cerrado. Dios escuche las plegarias de mi buen amigo en el Cielo por mi esposa y mis seis hijos para que a su tiempo y forma vivan la vida de gracia de la santa fe.

La importancia de no tener miedo a la exigencia de la Iglesia Católica
Roma... mi dulce hogar

Rogué al buen sacerdote me preparara para abjurar mis errores y ser admitido en la Iglesia. Dispuso de todo y una mañana de abril de 2001 fui recibido en el seno de la Esposa de Cristo. En junio de ese mismo año mi querido amigo entregó su alma al Señor, siendo muy llorado por todos cuantos le conocimos mejor. Le lloraron los enfermos y presos que visitaba, los niños y jóvenes de catequesis, los pobres y necesitados que consolaba, los fieles que acudían a él en busca de consejo y del perdón de Dios. En tributo a él escribo estas líneas. Mi querido sacerdote y Revista Cristiandad.org fueron mis dos grandes apoyos e impulsores tanto de mi conversión como de mi impulso apostólico al trabajar especialmente con los conversos y preparados para la conversión.
Tras su partida la parroquia fue administrada por un sacerdote más cercano al estilo del predecesor del Padre M. Yo sentí mucho esto porque con su prédica y actuar desmentía muchos de esos grandes principios eternos que había conocido y amado.
A veces me pregunto por la oportunidad de muchos cambios que se hacen más para contentar a los malos que para agradar a los buenos. Recuerdo que mi sacerdote amigo no era muy afecto a ceder ante nosotros, sino mas bien a mostrarnos todas las banderas, incluso las más radicales. Y éstas fueron, precisamente, las que más me indignaron pero a un mismo tiempo me atrajeron.
Pero persevero en el amor a la Iglesia de siempre, a esa doctrina de la que el Señor dijo que pasarían Cielo y Tierra pero que ni una sola jota sería cambiada.
Bien sé por experiencia propia y por la de tantos que han compartido conmigo sus testimonios de conversión, que esos coqueteos con el error no producen conversiones. Y las pocas que se producen son de un género muy distinto –por superficiales y emocionales– de las verdaderas conversiones, esas que producen santos. La realidad es la que constataba a diario como Pastor protestante, cuando la poca preparación de los católicos y la confusión que produce el falso ecumenismo llenaban las bancas de nuestras iglesias y los bolsillos de nuestras congregaciones evangélicas. La ignorancia religiosa de los fieles es la cosa más agradecida por las sectas, porque al ser muchas veces hija de la pereza espiritual se acompaña por la pereza intelectual. Basta entonces cualquier cosa que les emocione, que les haga sentir queridos, y luego viene el sermón acostumbrado para hacerles dudar primero y luego darles respuestas rotundas. Eso los desestabiliza y luego les atrae nuestra seguridad. ¡Y luego salimos a la calle a gritar contra los dogmas!

Ahora, junto con ustedes, puedo acudir a los pies de María Santísima y pedir que por amor a la Divina Sangre de Su Hijo Amado obtenga la conversión de los paganos, de los herejes y cismáticos y que haciendo triunfar a la Iglesia sobre sus enemigos instaure la Paz de Cristo en el Reino de Cristo.

martes, 11 de febrero de 2014

Ateísmo Militante

Escuelas dominicales para ateos.

"No deja de desconcertarme el ateísmo militante. Es prácticamente una religión sin Dios, de la misma manera que el cero es un número, aunque represente la ausencia de cantidad."

jueves, 29 de noviembre de 2012

Dale un sí a la vida (Tomado de El Heraldo)

Extracto de una carta de una mujer a su amiga embarazada. “Nadie tiene derecho a juzgarte. Tu hijo no es un pedazo de carne sino una criatura diminuta que vive contigo y en ti. No es cuestión de religión, ni de prejuicios morales, de gente mojigata. Estar a favor de la vida no es exclusivo de católicos, ni de gente que va a la iglesia, ni de personas que rezan tres rosarios al día.

Es simple respeto hacia la grandeza de la vida humana, igual en una mujer católica, judía, cristiana, evangélica, islámica o atea. Tener sexo no es un juego. Debe ser responsable, pues su función es dar vida a otro ser humano. Un bebé no es un error, ni abortar una rutina. ‘Madre soltera’ no es una etiqueta y por serlo no vales menos: eres mucho más por tener la valentía de luchar por él y por ti. Porque decidiste decirle sí a la vida de tu hijo. Decidiste amar por amor. El hecho de ser mamá no apartará a los hombres de ti, y los inteligentes comprenderán que has madurado y estás preparada para tomarte el amor en serio, es amar por encima de las dificultades. ¿Piensas en lo que diría la familia y los amigos? No olvides que en esta historia los protagonistas son tu hijo y tú. Los demás son actores de reparto. Los futuros abuelos van a derretirse de amor cuando tengan que cuidarlo, y quienes te criticaron harán fila para arrullarlo.

Todos en el fondo sabrán que eres valiente. Tu historia cambiará pero los sueños de tu hijo luego serán tus sueños, y serás más feliz de lo que habías planeado, porque esa persona que estuvo nueve meses bajo tu corazón querrá apoyarte. No tengas reparo en dar una oportunidad al amor. Sigue sembrando esperanza en tu esperanza, felicidad en tus pequeñas alegrías y deja que la paz sea tu compañía. No abortes, dale un sí a la vida”.

Por Javier Abad Gómez
javier.abad.gomez@gmail.com

lunes, 1 de octubre de 2012

"Gospel of Jesus' wife" fragment is a fake, Vatican says


By Naomi O'Leary
VATICAN CITY | Fri Sep 28, 2012 11:11am EDT
(Reuters) - An ancient papyrus fragment which a Harvard scholar says contains the first recorded mention that Jesus may have had a wife is a fake, the Vatican said on Friday.

"Substantial reasons would lead one to conclude that the papyrus is indeed a clumsy forgery," the Vatican's newspaper, L'Osservatore Romano, said in an editorial by its editor, Gian Maria Vian. "In any case, it's a fake."

Joining a highly charged academic debate over the authenticity of the text, written in ancient Egyptian Coptic, the newspaper published a lengthy analysis by expert Alberto Camplani of Rome's La Sapienza university, outlining doubts about the manuscript and urging extreme caution.

The fragment, which reads "Jesus said to them, my wife" was unveiled by Harvard Professor Karen King as a text from the 4th century at a congress of Coptic Studies in Rome last week.

Her study divided the academic community, with some hailing it as a landmark discovery while others rapidly expressed their doubts .

"It's really pretty unlikely that it's authentic," University of Durham Professor Francis Watson told Reuters after he published a paper arguing the words on the fragment were a rearrangement of phrases from a well known Coptic text.

Watson, who has previously worked on identifying forged gospels, said it was likely to be an ancient blank fragment that was written over in the 20th or 21st century by a forger seeking to make money.

Watson argues the words on the fragment do not fit grammatically into a larger text.

"It's possible to get hold of an old bit of un-written on papyrus and write some new stuff on it," Watson said. "There is a market for fake antiquities throughout the Middle East ... I would guess that in this case the motivation might have been a financial one."

ACADEMIC DEBATE

Manuscript experts who heard King's presentation quickly took to their blogs to express doubts, noting that the letters were clumsy, perhaps the script of someone unused to writing Coptic.

Writing from the conference, early Christian scholar Christian Askeland said specialists there were divided between two-thirds who were extremely skeptical, and one-third convinced the fragment was false.

"I have not met anyone who supports its authenticity," Askeland wrote from a session of the Tenth International Congress of Coptic Studies, where King gave her paper.

In an email to Reuters after the conference ended and before the Vatican editorial, King said: "Whether, in the end, the fragment will be shown to be authentic is still to be finally determined, but the serious conversation among scholars has begun."

During the conference King stressed that the fragment did not give "any evidence that Jesus was married, or not married" but that early Christians were talking about the possibility.

AnneMarie Luijendijk, associate professor of religion at Princeton University, said she concluded that the fragment was indeed an authentic, ancient text, written by a scribe in antiquity.

"We can see that by the way the ink is preserved on the papyrus and also the way the papyrus has faded and also the way the papyrus has become very fragmentary, which is actually in line with a lot of other papyri we have also from the New Testament," Luijendijk told Reuters during the conference.

The idea that Jesus was married resurfaces regularly in popular culture, notably with the 2003 publication of Dan Brown's best-seller "The Da Vinci Code," which angered the Vatican because, among other things, it was based on the idea that Jesus was married to Mary Magdalene and had children.

Christian tradition has long held that Jesus was not married and the Catholic Church, by far the largest in Christendom, says women cannot become priests because Christ chose only men as his apostles.

(Additional reporting by Philip Pullella; Editing by Philip Pullella and Robin Pomeroy)

martes, 25 de septiembre de 2012

Los siete pecados capitales de la revista Arcadia (No. 84)

Para quienes participan en el proceso de crear y leer la revista Arcadia (Número 82), les tengo un inventario de siete pecados capitales cometidos en dicho proceso:

Pereza: …intelectual, un pecado verdaderamente capital en una revista cultural. Antonio Caballero, tan ocupado como estaba en recitar por enésima vez su diatriba en contra de la guerra contra las drogas, se puso a buscar una forzada analogía entre esta y una foto de un policía antinarcóticos que aparentemente contaba una por una las panelas de cocaína de un decomiso. Lo grave de todo esto es que de una foto como aquella se pueden deducir cosas peores: el declive educativo es profundo, porque si los bloques de cocaína estaban perfectamente alineados, le bastaba al policía el hacer una simple operación aritmética de multiplicar filas por columnas, y no hubiera habido necesidad de contarlas una por una. Y lo peor es que Antonio Caballero no pareció darse cuenta de esto, tan ocupado como estaba de su diatriba antiimperialista.

Esta retahíla ya se volvió vieeeeeeeeeeja…

Gula: Antes: El pueblo colombiano no lee. Luego: El pueblo colombiano lo que lee son libros religiosos y la Biblia. Ahora: ah, que desgracia tan infinita, que el pueblo colombiano lea tantas Biblias y libros religiosos, ¡pero no se interesa por la teología! ¡Sólo hay una librería especializada en el tema en todo el país!

No pues, nunca están conformes, entonces. ¿Qué hacemos?


Avaricia (Codicia): la señora Carolina Sanín tiene unos deseos de cambiar los juegos olímpicos… a su absurda y políticamente correcta imagen y semejanza.

Da vergüenza ajena. Grima.

Envidia: La crítica de cine de Juan Carlos González A. Sencillamente no puede soportar que el resto de la crítica y el público haya erigido por aclamación a “Amigos Intocables” como una de las películas del año y superfavorita para lograr el Oscar de mejor película extranjera. Y se despacha contra ella.

¡Este crítico sí que se va a contracorriente!

Ira: la que me dio de ver “Coincidencias”, la caricatura de Powerpaola.

¿Encima le pagan por hacerla?


Soberbia: soberbia en el editorial de la revista, que pretende entender lo que Mario Vargas Llosa y Gilles Lipovetsky no entienden sobre la verdadera naturaleza de Occupy Wall Street. Soberbia la del ego de Norman Mailer, escribiendo sobre sí mismo y reseñado en “Un ego se confiesa”. Soberbia en cada nota.

La revista Arcadia rezuma soberbia de la misma manera que el diario El Espacio rezuma sangre.

Lujuria: obviamente con la urticaria que produce el hecho de ver como la novela Fifty Shades of Grey trata un tabú sexual con el mismo criterio y calidad que la saga Twilight trata el tema del vampirismo, Arcadia decide informarle al público que Thomas Mann es el espejo en el que se tienen que mirar E. L. James (y Stephenie Meyer), reseñando el centenario de “La Muerte en Venecia”, un cuento largo o una novela corta que, para los estándares actuales, no pasa de ser un bollo perfumado (para usar la terminología en boga), el símbolo perfecto de la revista Arcadia número 82. Citando otra vez a Alfred Kerr, “En todo caso, aquí la pederastia es hecha aceptable para la clase media educada.”

Gracias Arcadia. Ahora váyanse a donde el procurador Alejandro Ordóñez a confesarse.


¿Qué qué? Si yo compré la revista y la leí. Tengo derecho y este es mi blog.
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sábado, 11 de agosto de 2012

Too much effort and passion to discuss, but too little time to read the Bible

Well, I found this making my rounds around the web:
Pretty well intentioned, BUT...

BUT the framers of this particular flowchart didn’t read (or wouldn’t) read their Bible a little more closer.

They would have found what Jesus said in the Gospel of Matthew, Chapter  19:4-6:
4 “Haven’t you read,” he replied, “that at the beginning the Creator ‘made them male and female, 5 and said, ‘For this reason a man will leave his father and mother and be united to his wife, and the two will become one flesh’? 6 So they are no longer two, but one flesh. Therefore what God has joined together, let no one separate.”
Keep this in mind the next time you want to allege that Jesus said nothing about homosexuality AND gay marriage.

martes, 17 de julio de 2012

Bazuquita o por qué se necesitan más santos

Bazuquita tiene nombre de reina de belleza: Maribel Gutiérrez. Hasta ahí llega el parecido. Bazuquita vive en las calles, y no ha conocido desde su más tierna infancia otra cosa que la droga. Y cuando no hay para la droga, entonces pegante de zapatería. La desnutrición y el vicio la han deformado al punto que no puede caminar, sino arrastrarse.

Todos la miran y se conduelen de ella. Todos se preguntan por qué no la ayuda alguien. Probablemente es el estado el que debería encargarse de ella. Sin embargo, el estado es un ente abstracto, no una persona real. El congreso podría aprobar la ley "Salvemos a Bazuquita", pero seguiría en la calle si no hubiera alguien dispuesto a atenderla. 

Probablemente por la plata sí. Pero lo dudo. Bazuquita está irremisiblemente perdida en la droga, y aunque tiene benefactores, no hay quien la pueda sacar de esa realidad que empezó en su niñez. 

Se necesita un milagro. Y un santo.

Alguien que se dedique a ella en cuerpo y alma, porque es una labor titánica rescatarla del vicio y de la indigencia. Y como ella, hay muchos.

Se necesita ese don especial, esa abnegación que muchos no tienen ni siquiera por sus hijos o familiares, para estar junto a ése prójimo que vemos con lastima, pero aparte de darle una moneda o un plato de comida, no nos inspira a más porque no queremos comprometernos a recibir desplantes y amarguras en un esfuerzo ingrato.

Ese don que tienen los santos. Ya hay trabajadores sociales, enfermeras, médicos, burócratas, beneficencia y bienestar familiar. Lo que no tenemos son santos.