viernes, 26 de enero de 2024

Oración a San Miguel Arcángel

En el nombre poderoso de Jesucristo nuestro Señor, con la intercesión del arcángel Miguel, príncipe de las milicias celestiales, y por la gracia de Dios, de su Hijo Unigénito Jesús de Nazaret, con el poder de Sus Santas y Gloriosas Llagas, por donde fluye eternamente Su Sangre que tiene poder, y la gloriosa Cruz donde fue vencido el mal.

Con el poder absoluto y total de la Santísima Trinidad.

Con la fuerza y el poder del Espíritu Santo, con el poder de la Santísima Virgen María, Inmaculada Concepción, Tabernáculo del Verbo encarnado, con el poder de San Rafael, San Gabriel, nuestro Ángel Custodio y toda la corte de ángeles, de San José, hombre generoso y padre adoptivo de nuestro Señor,

Nosotros, rompemos y disolvemos cada maldición, embrujo, portal, sello, hechizo, brujería, magia de cualquier color, vínculos, trampas, lazos, hilos, cadenas, vidrios, clavos, jaulas, ardides, mentiras, desviaciones o distracciones, influencias o cadenas espirituales, deseos de ruina, muerte, enfermedades, deudas, destrucción; o cualquier otro mal conocido o desconocido que hayan proyectado o mandado a nuestros cuerpos, nuestra casa, nuestras almas, nuestras mentes; que haya sido conjurado en cualquier fase lunar, con cualquier espíritu o elemento de la naturaleza y que hayan mandado sobre nosotros; le ordenamos por el poder de la Sangre de Cristo: que se vaya, que se devuelva al lugar de donde salió, de donde fue conjurado o pactado, que regrese al remitente que lo envió y cobre en él todo lo que se ofreció.

Rechazamos este mal sobre nosotros, sobre nuestros seres queridos, sobre nuestras pertenencias y bendiciones; que el mal no nos haga daño alguno ni a nosotros ni a nuestros seres queridos, ni a nuestra casa, nuestros animales y plantas que hayan dentro de ella; el poder de esta casa está unido a la Cruz de Jesús de Nazaret, huid poderes del mal, sucumbid ante la Luz del Amor, la Luz del Resucitado.

En el nombre de Jesucristo, el Señor de Señores, ante Quien toda rodilla se dobla en el cielo y la tierra por el poder de su nombre, en el nombre de Dios, ahora tú, espíritu maligno, eres encadenado y echado al fuego, al lago de azufre, donde de allí nunca saldrás ni vendrás a hacer el mal a esta casa.

En el nombre de Jesús de Nazaret, rompemos este embrujo, este hechizo, este altar, este entierro que está a nombre nuestro, de nuestra familia o de nuestra casa; rompemos la lujuria, la mentira, la ruina, la gula, la codicia, el alcoholismo, la pereza, la ira, la prostitución, la desviación sexual; rompemos todo pecado y conexión dada o puesta; ya que somos hijos de la Luz, caminando en la Verdad y la Palabra de Dios.

Rompemos toda cadena del mal donde estén nuestros seres queridos y que por maldición generacional y nuestra herencia ancestral hayan llegado hasta nosotros para hacernos daño; rompemos toda atadura, cadena, amarre que cualquier brujo, bruja, hechicero, espiritista u ocultista hayan hecho con el alma desencarnada de un ser querido de nuestra familia.

Pedimos al Dios Supremo ahora, que por medio de Su Hijo Unigénito, esta casa quede libre de toda influencia del mal, que todo espíritu inmundo jamás regrese, que toda la casa quede sellada junto con los que la habitan (personas, animales, plantas) con la Sangre de Cristo que tiene poder.

Ponemos la Santa Cruz en los cuatro puntos cardinales de esta casa, clamamos por, y reclamamos la Sangre que en Ella corrió, que brotó de las Llagas de Aquel que fue inmolado como Cordero en la Santa Cruz. La Santa Cruz sea nuestra Luz. Que por medio de ella todo mal sea filtrado, para que no haya cabida del mal en esta casa ni en las personas que habitan en ella.

Que María reine en este hogar con su amor materno y que Ella more en cada uno de nuestros corazones. Esta casa es como el hogar que fue, es y será por siempre en Nazaret.

Que los santos ángeles custodien nuestra casa de día y de noche; que todo aquel que entre con planes destructivos a esta casa se vaya enredado en sus propios pensamientos; nada prosperará en  contra nuestra, en nuestra casa.

Nos rendimos y nos postramos ante la Cruz del Señor, la Cruz de la salvación y de la conversión; ante el señorío de Jesús de Nazaret nos sometemos, y atamos nuestros pensamientos a Su Corazón, a Su Amor y a su Gracia para que nos protejan; y ya amparados por Él, damos las gracias y sellamos esta oración iluminados bajo la presencia del Espíritu Santo.

Glorioso San Miguel: protégenos con tu espada, defiéndenos con tu lanza, cúbrenos con tu escudo.

Amén, Amén, Amén