martes, 17 de julio de 2012

Bazuquita o por qué se necesitan más santos

Bazuquita tiene nombre de reina de belleza: Maribel Gutiérrez. Hasta ahí llega el parecido. Bazuquita vive en las calles, y no ha conocido desde su más tierna infancia otra cosa que la droga. Y cuando no hay para la droga, entonces pegante de zapatería. La desnutrición y el vicio la han deformado al punto que no puede caminar, sino arrastrarse.

Todos la miran y se conduelen de ella. Todos se preguntan por qué no la ayuda alguien. Probablemente es el estado el que debería encargarse de ella. Sin embargo, el estado es un ente abstracto, no una persona real. El congreso podría aprobar la ley "Salvemos a Bazuquita", pero seguiría en la calle si no hubiera alguien dispuesto a atenderla. 

Probablemente por la plata sí. Pero lo dudo. Bazuquita está irremisiblemente perdida en la droga, y aunque tiene benefactores, no hay quien la pueda sacar de esa realidad que empezó en su niñez. 

Se necesita un milagro. Y un santo.

Alguien que se dedique a ella en cuerpo y alma, porque es una labor titánica rescatarla del vicio y de la indigencia. Y como ella, hay muchos.

Se necesita ese don especial, esa abnegación que muchos no tienen ni siquiera por sus hijos o familiares, para estar junto a ése prójimo que vemos con lastima, pero aparte de darle una moneda o un plato de comida, no nos inspira a más porque no queremos comprometernos a recibir desplantes y amarguras en un esfuerzo ingrato.

Ese don que tienen los santos. Ya hay trabajadores sociales, enfermeras, médicos, burócratas, beneficencia y bienestar familiar. Lo que no tenemos son santos.

¿Por qué "Un Blog Religioso"?

Porque también tengo cosas que decir en temas religiosos y de fe.

Porque los creyentes necesitan apoyo.

Porque los creyentes necesitan quién los ronde.

Porque los descreídos también necesitan quién los ronde.

Porque me hacía falta. Porque nos hacen falta más blogs religiosos.

A partir de hoy, mi modesta contribución al debate religioso en este blog. En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, amén.